Historias de milagros:

Ian, pequeño milagro de 28 semanas

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Yo siempre pensé que los milagros eran cuentos conmovedores que se ven en Oprah o que se leen en Reader’s Digest. No es que fuera cínica, pero los milagros les sucedían a otras personas. Jamás me imaginé que algo extraordinario y milagroso me sucedería a mí. Eso fue antes de que quedara embarazada de mi hijo Ian.

Después de seis años de tratar de tener un bebé inútilmente, 5 abortos espontáneos y 6 in-vitros fallidos, mi esposo y yo estábamos comenzando un proceso de adopción. Estábamos en medio de un ciclo y mi doctor no tenía muchas esperanzas. De hecho, sólo pusieron un óvulo de vuelta. Milagrosamente, ¡quedé embarazada!

El embarazo se mantuvo a lo largo de las temibles primeras semanas y pensamos que estábamos libres de problemas. Luego, a las 15 semanas rompí fuente. No había explicación, ni ninguna infección aparente. Obviamente, esto había sido increíblemente temprano. Las estadísticas para este embarazo eran funestas: menos de 2% de posibilidades de supervivencia. Si el embarazo se podía mantener hasta que fuera viable (24 semanas — a 9 semanas de distancia del momento en que rompí fuente), las posibilidades de que el bebé sobreviviera, aún si llegaba a término, eran escasas. Sin líquido amniótico, los tejidos de los pulmones del bebé no se podrían desarrollar.

Pasé las siguientes 13 semanas en cama en el hospital. Fue un período muy angustiante y difícil porque nadie podía predecir qué pasaría y no había tratamiento para mi tipo de problema de embarazo. Hicimos lo que pudimos, incluso nos mudamos a un hospital en Delaware donde había un doctor que estaba haciendo procedimientos heróicos y experimentales para ayudar a mujeres con PROM a volver a ganar algo de líquido amniótico. Desafortunadamente, los procedimientos no “funcionaron” para mí, pero los días y las semanas pasaron y el bebé seguía vivo.

Ian
Ian
nacido a las 28 semanas y media, 2 lbs. y 8 oz.

Ian nació repentinamente a las 28 semanas y pesó 2 lbs. y media. Me había dado una infección y el embarazo no podía durar por mucho más tiempo. Desafortunadamente, tanto él bebé como yo nos infectamos. Sin embargo, él estaba vivo y respirando — aunque con mucha ayuda — ¡pero estaba respirando!

Estar en la UCIN es como estar en una montaña rusa turbulenta y atemorizante. Nosotros estuvimos extremadamente agradecidos de estar allí, pero aún así fue difícil. Como la mayoría de los bebés prematuros, Ian tuvo buenos días y malos días, y muchos roces cercanos con la muerte. La noche en que nació, desarrolló una hemorragia pulmonar verdaderamente peligrosa y necesitaron conectarlo a un respirador oscilante (el más fuerte disponible para el momento). Dos semanas más tarde casi se muere de una neumonía por escherichia coli lo que lo llevó de vuelta al respirador oscilante por una semana más. Pasó cerca de 5 semanas en un respirador y luego en C-PAP. Finalmente, lo desengancharon para ponerle una cánula nasal y permaneció con oxígeno, monitores y diuréticos una vez que lo llevamos a casa y durante su primer año de vida.

Ian
Ian
7 años de edad

Al igual que muchos bebés prematuros, Ian luchó contra otros problemas además de la respiración. Sufrió de un terrible reflujo y tenía problemas para tragar. Teníamos que darle su fórmula con una cuchara espesándola a base de cereal por mucho tiempo — la cual después él vomitaba. Una de sus piernas estaba doblada por estar trabada en el útero y tuvo que utilizar aparatos casi todo el año y hacer terapia física. Como la mayoría de los bebés prematuros, necesitó terapia ocupacional y foniatría a medida que crecía — y aún a sus 7 años recibe terapias. Pero desde el principio fue un niño feliz y vibrante y ahora es un niño de siete años saludable, ¡y la mayoría de las personas nunca adivinaría que tuvo un comienzo tan difícil en su vida!

Tener un bebé prematuro ha sido probar nuevos caminos que nunca había transitado antes — nuevos niveles de temor, culpabilidad, frustración y resentimiento. Éstas son reacciones normales ante una difícil experiencia como lo es ser padres de un bebé prematuro. Requirió más paciencia y fe de lo que yo pensé que fuera capaz. Pero, pasito a pasito, mi bebé prematuro, y otros, se convirtieron en niños increíbles. No sólo son normales y sanos sino que además poseen una fortaleza y determinación interior que viene de sobrevivir a una lucha tan difícil. En retrospectiva, tener un pequeño milagro es milagroso no sólo por la capacidad de recuperación que estos niños demuestran, sino por el regalo que son para nuestras familias. Vivimos la vida de manera diferente — más reflexivamente y más conscientes de nuestra bendición — ahora que sabemos que los milagros nos pueden suceder a nosotros.

A propósito, los milagros no se detuvieron allí. Tuvimos dos hijos más — ambos fueron embarazos normales, saludables y a término — y estamos esperando nuestro cuarto bebé. ¡Creo que así pasa con los milagros!

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