Historias de milagros:

Jack, un pequeño milagro de 32 semanas

Nunca pensé que tendría un bebé prematuro. ¿Por qué iba a hacerlo? Mi embarazo iba muy bien y yo me sentía maravillosa. No había tenido ni una sola complicación. Un sábado, mis amigos y vecinos prepararon una reunión para festejar la llegada del nuevo bebé. Recuerdo que sentí un poco de malestar, pero supuse que era parte del embarazo. Dormí bien esa noche, regocijándome de emoción por lo que iba a venir.

Al día siguiente, mi esposo y yo hicimos un par de diligencias y luego regresamos a casa para leer el periódico y relajarnos. Al final de la tarde me encontré en el excusado, yendo al baño sin ganas de ir al baño. “Ay, por Dios”, pensé, “¿así que esta es la incontinencia de la que uno lee en los libros de bebés?”. Pero eso no fue todo y comencé a sentir que algo no andaba bien. Le pedí a mi esposo que llamara al médico. También llamé a una buena amiga para preguntarle qué estaba sucediendo. Luego de lo que pareció una eternidad esperando a que el doctor nos devolviera la llamada, llamamos al hospital directamente. Me dijeron que fuera al hospital pero me aseguraron que probablemente no era nada. No necesitaba hacer mi maleta, sólo debía ir. Mi amiga y su esposo se apresuraron a llegar a mi casa. “Podrías estar en trabajo de parto”, me dijeron. Mi esposo y yo nos reímos — ¿Cómo podemos estar en trabajo de parto? ¡Ni siquiera hemos llegado a ese capítulo en el libro y nuestra clase de parto es en un mes!

Jack, NICU

Jack
nacido a las 32 semanas,
4 lbs.

Veinte minutos más tarde estábamos en la Sala de Parto con una enfermera preguntándome si sentía “eso”. Estaba casi completamente dilatada y con contracciones importantes. Tuvimos a nuestro hijo, Jack, en una hora. Cuando la gente sabe que Jack es prematuro siempre me dicen, “¡Ah!, debió haber sido una experiencia espeluznante”. Pero saben, la verdad es que nosotros no sabíamos que estábamos teniendo un bebé prematuro. Todo pasó tan rápidamente. A Jack se lo llevaron inmediatamente a la UCIN y mi esposo y yo nos sentimos repentinamente perdidos. Más tarde esa misma noche, me llevaron en silla de ruedas para verlo y no podía creer lo que veía — ya estaba cubierto con tantos cables. Sus monitores se mantenían sonando y el oxígeno fluía. Esto era tan diferente de cuando yo visité a mis amigos que acababan de tener bebés y esos dulces fardos rosados descansaban calmadamente en los brazos de sus madres. No es el comienzo que nadie desea para su niño, pero lo miré en su isolette y me enamoré. Para nosotros, él era perfecto. Fue un duro impacto, pero muy en el fondo sabíamos que con los cuidados competentes de los doctores y enfermeras de la UCIN todo iba a estar bien.

Pasé ese día, y cada día, en la UCIN. Mis amigos me animaban a salir, pero para mi era más reconfortante estar con Jack. Cada tres horas, nos permitían acariciarlo y algunas veces cargarlo. Las enfermeras nos estimulaban y eran pacientes cuando expresábamos interés en ayudar. Nos enseñaron a cambiar a Jack, a bañarlo, a tomarle la temperatura y a darle un chupete especial. Después de un par de semanas de estar tomando leche materna mediante alimentación enteral, las enfermeras de Jack me enseñaron a amamantarlo. Continuamos haciéndolo exitosamente hasta su llegada a casa. A pesar del estrés que nos rodeaba, sentí que estaba jugando un papel importante en el primer mes de vida de nuestro hijo por haber estado en la UCIN y haber aprendido tanto como puede acerca del cuidado de nuestro bebé. Cada mañana, mi esposo pasaba por la UCIN para ver a Jack antes de ir a su trabajo, y cada noche le leía “Buenas noches luna” antes de irnos a casa. Ese libro fue muy significativo — pienso que algunas veces como padres se nos dificulta pensar en algo correcto que decir cuando estás rodeado del ruido de los monitores, rostros extraños y mucho estrés. Leerle a Jack era una manera calmada en que Jack podía escuchar la voz de su papá con regularidad.

Jack - 5 1/2 años de edad

Jack
5 1/2 años de edad

Jack permaneció en la UCIN durante tres semanas “creciendo y comiendo”. Lo pudimos llevar a casa una vez que lo retiraron del CPAP, pudimos regular su temperatura corporal, había pasado una semana sin un episodio de apnea y había aprendido a chupar, tragar y respirar por sí mismo. Jack pesó 4 lbs. el día que lo llevamos a casa. Tuvimos cuidado de no exponerlo a muchos gérmenes durante el primer año, lo cual fue en cierta forma una experiencia aislante. Estaba muy agradecida con nuestros amigos que entendían nuestra preocupación (y tenían las manos tan agrietadas como las nuestras de lavarse y lavarse y lavarse). Cuando llegó el verano y salíamos a caminar con Jack, la gente me felicitaba por nuestro “recién nacido”. Yo les decía: “De hecho, el tiene cinco meses — fue prematuro”. Para algunos, debía haber parecido muy pequeño. Algunas personas nos miraban con lástima. Otras nos miraban con asombro. Pero mi esposo y yo estábamos tan orgullosos de lo lejos que había llegado a nuestro pequeño Jack que me pareció importante hacerle saber a las personas que él era un bebé prematuro.

Birth to Three fue muchas veces a evaluar a Jack cuando se alejaba “demasiado” de su hito en el desarrollo, pero él se puso el día en su momento. Hoy es un niño feliz y enérgico — y les apuesto que si lo vieran en el parque no tendrían idea de que fue prematuro.

Siento que la experiencia en la UCIN nos ha hecho apreciar más aún el hecho de que cada pequeño bebé es un verdadero milagro — y con el cuidado médico experto junto con el amor y el apoyo de familiares y amigos, los bebés prematuros crecen milagrosamente para convertirse niños felices. Jack es una prueba de ello.

< Historia anterior

Regresar a
Historias de Milagros

Historia siguiente >