Historias de milagros:
Jo, un pequeño milagro de 33 semanas
< Regresar a Historias de Milagros
Cuando mi esposo y yo decidimos comenzar una familia, sabía que quizás no sería fácil. Muchas de las mujeres de mi familia tuvieron problemas para concebir y llevar a feliz término sus embarazos. Mi esposo me decía que me preocupaba demasiado y que todo saldría bien. Para mi asombro, al principio lo fue —quedé embarazada más pronto de lo que me hubiera imaginado, ¡sin intentarlo realmente! Y la primera parte de mi embarazo fue lo que otras mujeres en mi trabajo soñaban. Apenas si tuve náuseas matutinas, nada de calambres en las piernas, nada de antojos raros. Sin embargo, yo seguía nerviosa.
Le comenté mi historia familiar a la obstetra en una de mis consultas de rutina. “No se preocupe”, me dijo, “una historia familiar de nacimiento prematuro no necesariamente es un indicador de que a usted le va a ocurrir lo mismo”. De modo que me relajé… un poco… pensando que si podía llegar al 4 de julio, todo saldría bien.
Mi familia estaba planificando un viaje a Boston para el Día de Independencia. La noche antes de salir, mi esposo y yo estábamos sentados en comedor de la cocina buscando sábanas para la cuna en Internet y comiendo helado cuando ¡PUM! Me detuve a mitad de la frase y corrí al baño. Mi esposo me siguió. “¿Es que alguna vez vas a volver a tomar el control de tu vejiga?”, dijo riendo.
Llamé a mi esposo a través de la puerta, él había estado tocándola durante un rato y cada vez sonaba menos divertido y más nervioso. “¡Llama al médico. Creo que rompí fuente!” Estaba a siete semanas de la fecha de parto. Llamé a mi mamá, quien había pasado exactamente por lo mismo con mi hermano hacía treinta años. ¿Quieres que vaya?, me preguntó. “Sí”, sollocé.
En el hospital, los doctores me aplicaron una inyección de esteroide para ayudarme a madurar los pulmones del bebé y me conectaron a una I.V. de sulfato de magnesio para impedir que entrara en trabajo de parto el tiempo suficiente para que me pudieran inyectar una segunda dosis de esteroide en 24 horas. Justo antes del momento en que tenía programada la segunda inyección, comenzaron las contracciones. Poco tiempo después, comencé a pujar. El cuartel de maternidad estaba tan congestionado esa noche (había luna llena) que parecía que una enfermera iba a dar a luz a mi diminuto e indefenso bebé. Pero mi doctor apareció justo a tiempo.
Josephine, 1 día de nacida
.
Nació a las 32 semanas y 4 días,
4 libras 5 onzas
"¿Voy a poder cargar a mi bebé?”. “No”, respondió el coro de doctores y enfermeras. “Tenemos que llevárnosla inmediatamente para asegurarnos de que todo esté bien”.
Pujé y salió el bebé, llorando. Lo cual me habían dicho que no esperara que hiciera. Entonces, me dejaron cargarla. Josephine, así la llamamos. Y lloramos. Y luego se la llevaron.
Dormí mejor esa noche de lo que lo había hecho en meses y a la mañana siguiente caminamos hacia la UCIN para verla. Era tan perfecta, una maravillosa combinación entre mi esposo y yo. Quedé devastada por no poder llevármela a casa conmigo.
En los días que siguieron a mi salida del hospital, nunca había tenido una razón más formidable para levantarme en las mañanas. Pero una vez que me levantaba, no tenía idea de qué hacer conmigo misma. ¡Cocinaba y limpiaba más de lo que lo había hecho en toda mi vida! Me duchaba por largo tiempo. Llamaba a mi esposo a la oficina cientos de veces al día. Y a la larga iba al hospital.
Nadie me dijo por cuánto tiempo podía visitar a mi hija, sólo que la despertarían cada tres horas para alimentarla, cambiarla y hacerle pruebas. De modo que yo me presentaba, le daba su fórmula a través del tubo nasogástrico, y ella lo escupía todo sobre mí. Yo lloraba, me cambiaba e iba a la sala de los padres a esperar durante tres horas más. También hablaba un poco con las enfermeras, tratando de hallar respuestas a lo que estaba fallando. “Tengo esta historia familiar”, decía yo. “Sí, ese es un factor importante”, respondían. Yo estaba furiosa.
Mi madre observó un letrero en la sala familiar acerca de un grupo de apoyo para padres con hijos en la UCIN patrocinado por The Tiny Miracles Foundation. Prácticamente mi madre me empujó por la puerta. Me sentí un poco tonta; mi hija estaba relativamente saludable en comparación con algunos de los bebés en la UCIN. Me sentí afortunada en comparación con las otras familias y estaba segura de que no querrían escuchar mi triste historia. Pero sí querían. Me escucharon, me apoyaron, me dieron fuerzas, ¡me brindaron conocimiento!
"¿No estás amamantando a tu bebé?", me preguntaron.
"No sabía que podía hacerlo".
"Te puedes quedar con ella todo el día si lo deseas. No te van a sacar de ahí”.
"No lo sabía".
"
¡Es tu bebé!
"
"Lo es, ¿cierto?".
Nuestra estadía en la UCIN era bastante común. Algunas veces Jo dejaba de respirar momentáneamente y realmente tenía problemas para mantener el alimento. Lo que más recuerdo de mi presencia como madre en la UCIN era lo poco que sabía acerca de lo que sucedía a mi alrededor. Me sentía como si se suponía que ya debería conocer todo acerca de los procedimientos, los tratamientos y lo que debía esperar. Traté simplemente de seguir la corriente, pero hubo muchas erupciones de emoción repentinas y unos cuantos arrebatos contras las desprevenidas enfermeras.
Josephine,
2 años de edad
Jo era fuerte y pronto vino a casa. Fue aterradoramente maravilloso. Ella es tan sorprendente y está cumpliendo sus hitos tal como un bebé a término. Adoro ser mamá. Mi verdadera historia comienza ahora.
Aún estoy molesta con el hecho de que los doctores no me escucharan cuando les hablé de mi historia familiar, y más molesta aún con el hecho de que prácticamente no había nada que pudieran hacer aún si me hubieran escuchado. En los Estados Unidos, 12% de los nacimientos son prematuros, pero hay tanto que aún no sabemos. De modo que ahora soy voluntaria de The Tiny Miracles FoundationTM así como de March of Dimes®, entre cuyos objetivos está averiguar qué ocasiona el nacimiento prematuro y cómo prevenirlo.
Mi hija me ha brindado más que el placer de ser su madre. Me ha dado un propósito. Ahora sé que yo estaba destinada a ayudar a otros como yo, y como mi madre, mi tía y mi abuela. ¡Jo es un Pequeño Milagro!
< Historia anterior |
Regresar a |
Historia siguiente > |


