Historias de milagros:
Sarah y Joshua,
pequeños milagros de 30 semanas
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Yo nunca esperé tener bebés prematuros. Sí, estaba esperando gemelos, tenía más de 35 años y tenía placenta previa. Pero mi embarazo progresó sin indicios de problemas.
A la semana 30 y 3 días comencé a sangrar. Fui admitida en el hospital, donde mi doctor me dijo que estaría de reposo en el hospital durante una semana aproximadamente, y luego terminaría mi embarazo, con reposo absoluto en casa. Dos días más tarde, me desperté con una hemorragia y se armó la gorda. Momentos más tarde, tras una cesárea de emergencia, Sarah Eleanor y Joshua Eugene vinieron al mundo con casi 10 semanas de anticipación.
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Sarah Eleanor nacida a las 30 semanas y 5 días, 2 lbs. y 15 oz. |
Cuatro días más tarde me dieron de alta del hospital. Los doctores me habían advertido que iba a ser un día difícil, el día en que te vas sin tus bebés. Pero también recordé que era un buen día, por qué pude sostener a Sarah por primera vez. Fue extraño, con todos esos cables conectados a monitores, pero fue como estar en el cielo. Le susurré al oído: “Ninguna de estas simpáticas señoras que trabajan vestidas de rosado son tu mamá — yo soy tu mamá”.
La UCIN ha sido descrita como una “montaña rusa” — en un minuto estás arriba y al siguiente estás abajo — y yo me di cuenta de que esa era una metáfora bastante apropiada. Fuimos muy afortunados de que Sarah y Joshua no presentaran mayores complicaciones. Ellos sólo crecían — necesitaban a alcanzar los hitos que los llevarían a casa: regulando su temperatura corporal, no teniendo episodios de apnea durante por lo menos 7 días, y alimentándose y ganando peso. Recuerdo estar sentada en la UCIN entre sus dos isolettes, con los ojos pegados a los monitores, mi corazón deteniéndose y latiendo nuevamente basado en los números. Parece que ha pasado mucho tiempo y parece que fue ayer.
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Joshua Eugene nacido a las 30 semanas y 5 días, 3 lbs. y 8 oz. |
Josh continuó teniendo problemas de apnea, de manera que los doctores lo llevaron al gastroenterólogo pediatra para una consulta. Después de una incómoda prueba de 24 horas, a Josh le diagnosticaron reflujo - común entre los bebés prematuros. El medicamento para el reflujo ayudó a resolver la apnea.
Día 29, recibimos la buena noticia — ¡Sarah y Josh podían ir a casa ese fin de semana! Por lo menos, se suponía que era buena noticia, pero todo lo que yo podía sentir era pavor. ¿Cómo se suponía que yo iba a cuidar a estos bebés tan increíblemente diminutos sin un equipo de doctores y enfermeras a mi lado? Luego, por supuesto, me sentí culpable de no estar más contenta de que mis bebés pudieran venir a casa.
Sarah fue a casa un día antes que Joshua. Estábamos acostumbrados a verla en su isolette o una cuna abierta de hospital, de modo que cuando la colocamos en una cuna de tamaño normal se veía tan increíblemente diminuta (¡con todo y sus 4.5 lbs.!) que rompimos en carcajadas. La risa ayudó a aliviar la tensión y con el apoyo de nuestros amigos y familiares sobrevivimos a esos primeros meses de desvelo y preocupación.
Sarah Eleanor
7 años de edad
Nuestra compañía de seguros se rehusó a autorizar las inyecciones mensuales de Synagis® que ayudaban a prevenir el RSV (virus respiratorio sincicial, causa #1 de re-hospitalización entre los bebés prematuros). Nuestro pediatra apeló, pero nos rechazaron nuevamente - sin duda debido al costo exorbitante, alrededor de $ 12.000. Josh sí desarrolló RSV a los 7 meses, pero afortunadamente respondió bien al nebulizador y no tuvo que ser hospitalizado. De manera que hasta que tuvieron 14 meses de edad, estuvimos en una cuarentena bastante estricta, especialmente durante la estación de gripe/resfriado – nada de grupos de juego, nada de Gymboree, nada de centros comerciales, nada de tiendas de abarrotes. Afortunadamente la cuarentena tuvo una excepción: podíamos socializar con otros gemelos que habían estado en la UCIN, puesto que todos estuvimos en una situación similar y todos éramos muy cuidadosos con los bebés de los demás. De manera que Sarah y Josh sí asistieron a un par de fiestas de cumpleaños ese primer año y hasta tuvieron unas cuantas citas de juego. Esto me ayudó a sentirme como una mamá “normal” y entablar amistad como otras “mamás de la UCIN” (como nos apodábamos a nosotras mismas) me salvó la vida.
Joshua Eugene
7 años de edad
Sarah y Josh recibieron servicios de Birth to Three:terapia física, del lenguaje y ocupacional. Tenían retrasos en el desarrollo en casi todas las áreas y esos primeros años los pasé yendo a lo que yo llamaba los “ólogos”; el gastroenterólogo pediatra, el ortopedista pediatra, el neurólogo pediatra, etc. Sarah no caminó hasta que cumplió los 21 meses de edad.
Pero ahora Sarah y Josh son “normales” —¡es maravilloso!— son chicos de primaria sin efectos permanentes de su nacimiento prematuro y las personas que recién los conocen se sorprenden cuando se enteran de sus comienzos. En algunos aspectos siento que la experiencia en la UCIN me ha hecho una madre más relajada, ya que un raspón en una rodilla no parece tan terrible como un episodio de apnea. Pero también siempre tengo presente que en verdad son un milagro.
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